¡Tenés que saberlo!

La importancia de la gestión del cambio en las empresas como factor esencial para intervenir activamente en la manera en que se afrontan los cambios, renovaciones e innovaciones.

 

En ediciones anteriores de nuestra newsletter hemos hecho referencia a los retos que afrontan las empresas en la actualidad para reinventarse frente a un entorno de grandes transformaciones tanto a nivel interno como externo, de una exponencial evolución tecnológica, y nuevas estrategias basadas en la innovación.

En este contexto, la gestión del cambio como proceso mediante el cual se gestiona la transición hacia una nueva realidad, se vuelve cuestión de supervivencia, es decir indispensable para no volverse obsoletos.

Si bien hay muchas empresas que vislumbran la importancia de la innovación o mejora, gran parte de ellas fallan en la ejecución porque no reparan en la necesidad de llevar a cabo una gestión eficaz para favorecer la flexibilidad y la capacidad de respuesta rápida a nuevas situaciones.

Es decir, no solo es necesario tener claro que se deben hacer cambios en la estrategia, diseño organizativo e incorporación de nuevas tecnologías para anticiparse a las necesidades o situaciones externas de la empresa, sino que es vital definir el proceso a llevar a cabo, planificar y transmitirlo a todos quienes participarán y/o se verán afectados por el mismo,

De lo contrario las probabilidades de éxito se verán drásticamente reducidas.

Las empresas deben tener un plan de crecimiento sustentado sobre la base de su misión y visión para gestionar los cambios internos, así como también han de prever un plan de mejora para corregir las fallas y debilidades en determinadas áreas de funcionamiento, de forma que no se vean desprevenidos ante las necesidades de cambio, que mayoritariamente se producen sin aviso.

Por este motivo los cambios deberían encararse como una gestión propia del funcionamiento corporativo y no como una tarea extraordinaria y aislada.

En este mismo orden, los directivos como principales agentes de cambio, han de ser capaces de anticiparse a los cambios con cierta flexibilidad y rapidez, logrando estar “siempre un paso adelante”, y aprovechando las oportunidades del entorno.

Por otra parte los directivos han de velar por el natural devenir de los procesos de cambio para no alterar el funcionamiento normal de la empresa y evitar que se produzca, en la medida de lo posible, la resistencia al cambio.

En muchas ocasiones esta resistencia viene originada por los miembros de la organización que perciben el cambio como un factor que va a reducir sus oportunidades profesionales, eliminar una posición que el empleado disfrutaba o aspiraba, reducir su poder de decisión y su relevancia en las actividades de la empresa, etc.

Por este motivo es fundamental gestionar el cambio adecuadamente para evitar la falta de planificación estratégica y definición de objetivos, la aparición de dudas y/o rumores negativos y la disminución del rendimiento de los trabajadores. En este orden se vuelve imperativo que la comunicación dentro de la empresa sea fluida, de modo que todos los trabajadores conozcan los procesos de transformación que se llevarán a cabo así como las implicaciones futuras.

Una buena comunicación es esencial para llevar a cabo una adecuada gestión del cambio ya que esta permitirá que el cambio sea visto como necesario y transmitirá las razones por las cuales se va a llevar a cabo el mismo.


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